Siempre bajo el flexo; ahora salgo a buscar el sol
Un sastre vive de espaldas a la ventana: en mi taller de Ejea trabajo bajo el flexo y con la persiana a medias para que el sol no se coma los paños. Leche no pruebo y queso, poco. Mi hija, que mira las etiquetas más que yo los patrones, apareció en Reyes con un bote de Wellnexis: «Calcio y vitamina D3, papá, que ya toca».
Me tomo una cápsula antes de sentarme a comer y la otra antes de la cena, con agua, y dejo el bote junto al acerico para tenerlo delante. Como dura diez días, mi hija pide varios de una vez y yo voy tachando en el almanaque del taller. El estómago no me ha dado guerra.
No voy a contar maravillas. Cuento que termino la tarde de pie ante la mesa de corte con las piernas enteras y que he cogido costumbres nuevas: a media mañana cierro veinte minutos y doy la vuelta al parque por la acera del sol, y en la despensa ya no faltan las sardinas en lata, que se comen con su espina.








