Las tijeras de podar ya no me pesan a media tarde
Manos en agua fría, tijeras de podar y cubos que hay que mover agachada: eso es una floristería por dentro, y la mía, en Tàrrega, la heredé de mi madre hace veinte años. La caja de ArtiZynt me la trajo mi hermana, que la había visto en casa de una vecina. Leí el reverso, vi glucosamina, colágeno y cúrcuma, y pedí la mía.
La cápsula cae con el café con leche, antes de levantar la persiana. Guardo el blíster entre los rollos de cinta de raso, donde lo veo cada vez que envuelvo un ramo, y cuando se vacía sé que han pasado diez días. No sabe a nada y no me ha sentado mal ni una mañana.
Voy por la tercera caja. Las coronas de Todos los Santos las acabé con las manos menos torpes, y ya me levanto de los cubos sin apoyarme en el mostrador. Lo demás lo pongo yo: guantes para el agua fría, los cubos a medio llenar y, el día que cierro, una subida sin prisa al parque de Sant Eloi.








