La manga pastelera pide muñecas, y las mías responden
Entro al obrador a las cinco y hasta las doce no suelto el rodillo, la manga y las bandejas. En campaña de polvorones, mis muñecas y mis hombros se enteraban antes que el calendario. Mi cuñado, que corre medias maratones, se dejó un bote de ArtroFlex Active en casa y me puse a leer la etiqueta.
Me gustó que juntara vitamina C y colágeno, y el jengibre y la cúrcuma, que en mi oficio son viejos conocidos. Me tomo dos justo antes de la comida y la tercera antes de cenar, siempre con su buen vaso de agua. Cada bote vuela en diez días, así que pido tres de golpe.
Ahora escudillo las pastas de té sin parar cada dos bandejas a sacudir las manos, y por las tardes he vuelto a hacer punto. Pongo también de mi parte: estiro los brazos al acabar, he bajado la mesa de amasar y, con el delantal ya colgado, paseo un rato por la ribera del Duero.








