Cierro el trimestre sin levantarme cada media hora
Las cuentas de media docena de cooperativas de Lebrija pasan por mi mesa y, en los cierres de trimestre, no debería moverme de la silla. Pues me movía: cada media hora, al baño, y vuelta a buscar por dónde iba el asiento. Mi cuñado, que cultiva algodón en la marisma, llevaba en la guantera unas cajitas planas de Urosaf.
Pedí varias, porque cada una trae diez cápsulas, y las tengo en el cajón de la mesa, al lado de la grapadora. A las dos menos cuarto suena la alarma del móvil: una cápsula con agua y, media hora después, a comer. Ya no la junto con el multivitamínico de antes, que también llevaba zinc.
Las reuniones las aguanto ya de cabo a rabo y hago el viaje a Sevilla sin parar en Las Cabezas. He cambiado el café de la tarde por una vuelta a pie entre las viñas, cuando afloja el calor. Y desde los cincuenta paso mi revisión cada año, me encuentre como me encuentre.





