Una con el menú del día y la ruta sin tanta parada
Vendo seguros por los pueblos de la comarca de Toro desde antes de que hubiera autovía, y me conozco el aseo de cada bar de aquí a Zamora. Un viticultor al que le llevo las pólizas tenía el bote en la repisa de la bodega y me dejó leer la tabla: calabaza, arándano rojo, ortiga y selenio, con sus cifras.
Me gustó que fuera una al día, porque con tanta carretera no estoy para pautas raras. La tomo con el menú del día, entre el primero y el segundo plato, con agua. El bote es pequeño, diez cápsulas, y lo llevo en el bolsillo de la americana; pedí tres para completar el mes que pone la caja.
La ronda de la mañana la hago con una parada y no con cuatro, y las noches son bastante más tranquilas. El vino de la cena lo he dejado para los domingos, que siendo de Toro tiene su mérito, y antes de cenar bajo dando un paseo hasta el puente del Duero.








