Veo el partido entero sin dejar el banquillo
Entreno a los alevines de Alfaro y los sábados jugamos a las diez. La temporada pasada me perdí dos goles por estar en el vestuario: iba al baño antes de salir, en el descanso y otra vez a mitad de la segunda parte. El delegado del equipo, que anda en las mismas, me enseñó su caja de Prostalis.
Tomo una cápsula con un vaso de agua a la una y media, media hora antes de comer, y tengo el bote en la encimera para verlo. La segunda no la uso, que con el ginseng prefiero no jugarme el sueño. Tampoco bebo ya después de las nueve; antes me bajaba media jarra delante de la tele.
Ahora sigo los partidos desde la banda de principio a fin y de noche me levanto una vez, no tres. A los entrenos de los martes llego con otras ganas, y con veinte críos eso se nota. Y al acabar el partido ya no me quedo sentado en el bar: vuelvo a casa dando un rodeo por la colegiata, a ver las cigüeñas.





