Recorto el seto entero sin buscar un bar cerca
Cuido los jardines de Villacarrillo: riego, siega y los setos del paseo, que son cuatrocientos metros de aligustre. A media mañana tenía que soltar el cortasetos y acercarme al bar de la esquina, y no precisamente a desayunar. En casa de mi hermano mayor leí la etiqueta de su bote, cifra por cifra.
Me convenció ver los miligramos puestos, como en los sacos de abono. Hago lo que marca: dos cápsulas antes de comer, cuando subo a casa a las dos y media, y una antes de cenar, las tres con un vaso de agua bien lleno. Pedí tres botes de una vez, porque cada uno me dura diez días.
El seto lo recorto ya de punta a punta sin soltar el cortasetos, y en casa dicen que de noche apenas se me oye por el pasillo. El agua la bebo por la mañana, que es cuando aprieta el sol, y por la tarde me contengo. La caña al salir del trabajo la cambié por un paseo entre olivos, que aquí empiezan donde acaba la última calle.








