Catorce pueblos de ruta y el bote junto al termo
Reparto el correo por catorce pueblos del Campo de Daroca, con el coche amarillo y un termo de café. En la mitad ya no queda bar abierto, así que cada parada para ir al baño era buscar una tapia, y a media tarde llegaba fundido. Mi hermano mayor, que es más de plantas que yo, me pasó el nombre del bote.
Es una al día y no tiene pérdida: la trago a las siete, con las tostadas, antes de cargar las sacas. Por la tarde ni se me ocurre, que mi hermano ya me avisó de que el ginseng y la maca espabilan. El bote está en la repisa de la cocina, pegado al termo, para verlo nada más entrar, y cuando le quedan dos cápsulas pido otro.
Voy por el tercer bote. Hago el tramo hasta Used de un tirón, sin ir pendiente de dónde parar, y llego a casa con ganas de algo más que de sofá. Algo he cambiado yo también: el termo ahora es de medio litro, ceno temprano y los sábados subo andando hasta la muralla. Al urólogo voy una vez al año, igual que antes.





