Un blíster en la cocina y otro entre los fusibles
Entre semana tiro cable en obras por media provincia de Soria y los sábados arreglo lo que haga falta en las casas de El Burgo. Con cincuenta y dos llegaba a la cama pensando solo en dormir, un mes detrás de otro. El fontanero con el que coincido en las reformas me enseñó en su furgoneta una caja negra con una pantera roja.
El dibujo me hizo gracia, pero me convenció que casi todo fueran plantas, con el tribulus por delante. Las tomo según pone el envase, siempre por la mañana, con el café con leche. Tengo un blíster en la cocina y el otro en la caja de herramientas, entre los fusibles, para los días que salgo de casa a las seis.
El sábado, al soltar la herramienta, todavía me queda chispa, y las ganas han vuelto a asomar sin que nadie las llame; en casa también se ha notado. Por mi parte, he dejado el cubata de después de cenar y un par de tardes subo andando al castillo de Osma. Cada otoño me toca la revisión del trabajo y no la perdono.





