Mi mujer pidió la bolsa, harta de oírme a oscuras
Tengo cerrajería en Cieza con servicio de urgencias y duermo con el móvil en la mesilla. Lo malo es que las noches en que nadie se quedaba fuera de casa me despertaba yo solo, camino del baño, y luego iba sin fuerza a montar bombines. Fue mi mujer, harta de oírme trastear a oscuras, la que leyó sobre esta bolsa y la pidió.
Viene con cierre, como el café bueno, y da para el mes. La tengo en el armario de las tazas, de modo que la veo cada mañana al sacar la mía, y sigo lo que marca el envase, siempre desayunando y con agua. Si salta un aviso a las seis, me la llevo en la furgoneta y espero a tener el bocadillo delante.
De noche me levanto menos y por la tarde aún tengo pulso para las cerraduras finas y ánimo para lo que no es trabajo; por eso he repetido bolsa. Algo habrá ayudado que ya no ceno con cerveza, que dejo de beber agua a las ocho y que los domingos subo a la Atalaya. La cita con el urólogo la tengo en primavera, como cada año.








