Cinco minutos para mis piernas entre prueba y prueba
Coso trajes de fallera en un bajo de Burriana, y de enero a marzo no levanto la cabeza de la máquina: el pie en el pedal, las rodillas dobladas y, entre medias, pruebas de pie con la boca llena de alfileres. Mi hermana mayor, que lleva una mercería, se trajo dos frascos y me dejó uno encima de la mesa de corte.
Lo uso al abrir el taller y antes de cenar. Dos pulsaciones por pierna y subo despacio desde el tobillo, cinco minutos de reloj, que para mí son los únicos del día sin aguja. Refresca nada más tocar la piel y el dosificador no gotea, cosa importante cuando hay seda de espolín cerca.
Voy por el segundo mes y las tardes se me hacen menos largas: las piernas me pesan menos y el tobillo del pedal acaba menos cargado. Además me he puesto una alarma para levantarme cada hora, he subido la silla y los sábados por la tarde camino con las amigas hasta el Clot de la Mare de Déu.





