Cuatro horas de procesión con zapatos de charol
Toco el bombardino en la banda de Andújar desde hace treinta años, y eso son procesiones de cuatro horas con zapato negro de charol, calcetín fino y el asfalto echando fuego. Al descalzarme, mi mujer abría el balcón. El compañero del bombo guardaba un tubo verde en la funda de las mazas y me lo pasó en un ensayo.
Hice la prueba en el empeine, como pide la caja, y al día siguiente empecé: pies lavados y bien secos, crema por la planta, los talones y entre los dedos, y a esperar un momento antes del calcetín. Huele a pino y a menta, como la sierra después de llover. Los días de desfile me la pongo por la mañana.
El calcetín sale ahora más seco, el zapato ya no canta cuando lo saco de su bolsa y la dureza del talón está más blanda. Además, alterno dos pares de zapatos, saco las plantillas a airear y, cuando no hay ensayo, paseo al caer la tarde hasta el puente romano. La romería de abril la hice sin acordarme de los pies.








