Quince gotas antes de entrar al invernadero
Trabajo en un invernadero de tomate cherry a las afueras de Nerja: calor húmedo, horas agachada y un bocadillo comido de pie. A los treinta y siete noté que el pantalón de faena me apretaba aunque no parase quieta. Una compañera de cuadrilla llevaba estas gotas en la nevera portátil, y así vi por primera vez la caja de la piña.
Yo ya iba siempre con mi botella, así que no tuve que cambiar nada: quince gotas en el vaso del desayuno, antes de salir, y otras quince en un vaso de la garrafa cuando paramos a comer. La caja habla de cinco miligramos de cafeína al día, y a mí, que el café solo me pone como una moto, eso me viene de perlas.
Desde entonces llego a las cuatro sin esa flojera que me mandaba derecha al paquete de galletas de la mochila. Y bebo más agua, que falta me hacía con este calor. Por mi cuenta ceno pescado a la plancha y bajo andando a la playa de Burriana con la perra. La revisión de la mutua la paso cada año, igual que siempre.





