Unas gotas antes de la crema y a por el tema doce
Preparo oposiciones a los cuarenta y ocho, en Lalín, con el flexo encendido hasta las tantas y la cara cada vez más gris. En un descanso entre temas me puse a leer sobre sérums y me quedé con este por una foto: un frasco transparente lleno de bolitas de colores. Lo pedí como quien se da un premio por acabar un bloque.
Lo uso de noche, que es cuando toca con el palmitato de retinilo. Cara lavada, unas gotas con la pipeta en la palma y a extender: las bolitas se deshacen entre los dedos y no queda ni rastro. Encima, mi crema de siempre. Por la mañana, protector solar aunque el cielo esté como suele estar aquí, de color plomo.
Me veo la piel más lisa y con otra luz, menos de biblioteca. El tono está más uniforme en las mejillas y las rayitas de la frente se notan menos. También he puesto de mi parte: a las doce se apaga el flexo, bebo agua en vez del tercer café y cada tarde camino media hora por el paseo del Pontiñas, llueva o no.








