Primero quito la harina, luego pongo la crema
Harina hasta en las pestañas y la cara cocida por el horno: así salgo cada día de mi panadería de Solsona. Me lavaba con el jabón de las manos y a correr. Mi hija, harta de verme así, me regaló por mi santo dos piezas blancas, un tubo y un tarro, con una nota de su puño y letra: «primero el tubo, mamá».
Al llegar a casa a mediodía, el peeling hace de limpiador: masaje suave y agua. Los miércoles lo uso de exfoliante, insistiendo un poco más, y los domingos lo dejo de mascarilla diez minutos mientras recojo la cocina. Después va siempre la crema, en cara, cuello y escote, y repito antes de acostarme.
Ahora la crema ya no se me queda encima: entra sola y la piel está lisa, sin esa película áspera de la harina. Las clientas dicen que tengo buena cara a las siete de la mañana, que ya es decir. Por mi parte, protector solar para el reparto, agua en el obrador y, los lunes de cierre, subo al Castellvell.





