El jersey de lana ya no se me agarra a los codos
Diseño etiquetas y catálogos desde un estudio pequeño en Caravaca, así que paso el día con los codos clavados en la mesa y la mano derecha pegada al ratón. Remofix me entró por los ojos, por deformación profesional: caja negra y blanca con una esfera naranja. Luego leí «hydrolyzed collagen» y lo pedí.
Lo tengo al lado de la tableta gráfica. Al apagar la pantalla me sirvo un poco de gel para los codos y los nudillos, y masajeo mientras se exporta el último archivo. Por la noche repito en las rodillas, que con los años se me habían quedado como papel de estraza.
No da frío ni calor: la piel queda suave y las mangas ya no se me enganchan al doblar el brazo. El frasco es pequeño y aun así me dura, porque gasto poco cada vez. También me he comprado una alfombrilla con reposamuñecas, bebo más agua y, si el día sale bueno, me como el bocadillo en las Fuentes del Marqués.




