El blíster que llevo con los calcetines de pilates
Seis clases de pilates al día en un gimnasio de Verín, predicando lo de activar el abdomen, y después del Entroido, con sus cocidos, sus bicas y las cenas a medianoche, la que iba hinchada y lenta era yo. Mi hermana me mandó desde Ourense una foto de su caja verde, con un intestino dibujado, y debajo escribió: prueba.
Me las tomo con el plato delante, tal como indica la caja, y llevo el blíster en el bolsillo de la mochila, junto a los calcetines antideslizantes. Lo que sí hago a rajatabla es beber: una botella de litro antes de comer y otra después, entre clase y clase, que con plantas que drenan no vale racanear agua.
Poco a poco volví a ir al baño con mi regularidad de siempre y dejé de notar ese peso de después de comer que me estorbaba en la clase de las cuatro. Recuperé las verduras al vapor y la cena a las nueve, y si libro por la mañana subo a pie al castillo de Monterrei. Lo que queda en la caja lo guardo para las próximas fiestas.





