Coso la temporada de bodas con otro temple
Vestidos a medio hilvanar, madres con prisa y yo con el corazón en la garganta: así es mi taller de Olivenza cuando llegan las comuniones y las bodas. Una clienta a la que le estaba cogiendo el bajo dejó sobre la mesa de corte su bote de Optiheart y me contó que lo tomaba en sus épocas de más jaleo.
Lo pedí para la temporada siguiente. Tomo las cápsulas con la comida, como pone el envase, y guardo el bote en el costurero grande, entre los dedales. Son de color hueso y pasan bien con agua. El primer día me entró algo de modorra después de comer; me eché diez minutos y otra vez a la máquina.
Desde entonces coso más templada: enhebro la aguja a la primera y ya no remato los dobladillos con esa prisa por dentro. He cambiado el tercer café por una vuelta a las murallas al caer la tarde, y la tensión me la miro los sábados. Mi revisión de cada año no la perdono.








