El comprimido morado de antes del café
El día que entregué las llaves del autobús urbano me prometí dos cosas: comer sentado y cuidarme en serio. A los pocos meses, mi yerno apareció por Aracena con un bote de Hipertónica que había pedido para él. Me hizo gracia que los comprimidos fueran morados, como la remolacha que llevan.
Tomo el primero nada más levantarme, antes del café, y el segundo cuando mi mujer pone la mesa para cenar. Saben a limón, cosa rara en algo que lleva ajo. Como también tienen lactosa, mi cuñada, que no la tolera, ni los ha probado; a mí no me dan guerra, y eso sí, de los dos diarios no paso.
Noto que llego a la tarde con más fuelle y que la cuesta del castillo se me hace menos larga. Ahora bien, el jamón lo guardo para los domingos, camino una hora por la dehesa cada mañana y me tomo la tensión dos veces por semana. Mis pastillas de siempre y mis revisiones siguen igual.








