Entre mastines y caniches, mi cápsula de las ocho
Baño, seco y corto perros en Cangas de Onís: mastines que no caben en la mesa y caniches que no paran quietos. Acabo el día con los brazos molidos y el pulso por las nubes de tanto forcejeo. La dueña de un setter que viene cada mes me habló de unas cápsulas de frutos rojos y me apuntó el nombre en una tarjeta.
El bote de rosca está en la balda de los champús, a salvo de salpicaduras. Hago caso al envase: la cápsula va con el primer café, a las ocho, antes de que entre ningún perro. Me hizo gracia leer hibisco en la lista, porque es la infusión que me preparo en un termo para toda la mañana.
Llego a la última cita menos alterada, o eso dice mi ayudante, que es quien me aguanta. Los lunes, que cierro, echo a andar hacia Covadonga un buen trecho, y el salero ya no se sienta a la mesa. La tensión me la sigo tomando en casa y cada otoño paso por la revisión, llueva o no.





