Veinte gotas antes del banquete y veinte antes de cenar
De mayo a octubre fotografío una boda cada sábado por la Mesa de Ocaña, y eso significa comer un canapé de pie a las cuatro, cenar restos de banquete a la una y pasar el domingo editando con una bolsa de patatas. Una florista con la que coincido en las fincas me enseñó su frasquito ámbar entre montaje y montaje.
En temporada lo llevo en la bolsa de los objetivos. Lo agito, porque en el fondo se le queda un poso, cuento veinte gotas en un vasito de agua antes de comer, donde me pille, y otras veinte antes de cenar. Si el banquete se alarga, las echo en el agua que me ponen en la mesa del personal, que la caja lo admite.
Ahora termino los sábados sin el estómago hecho un nudo y el lunes no arrastro la pesadez del fin de semana. Un frasco me dura un par de semanas. Además me he obligado a llevar táper los días de reportaje y a andar una hora por los caminos de la mesa los martes, que es mi día libre de verdad.





