De feria en feria, y con fuerzas para desmontar
Monto una tómbola y voy de feria en feria de abril a octubre, con casa en Marchena y la vida en el camión. Mi hermano, que lleva los coches de choque, quitó el pan y las fritangas el año pasado y tomaba estas cápsulas. Verlo cargar hierros sin resoplar fue lo que me hizo pedirlas.
Guardo el bote en la guantera. Una cápsula después del desayuno, que en feria cae a mediodía, y otra después de la comida, siempre con agua en abundancia y la tripa llena, porque en ayunas no se toman. Y mientras dure el bote, nada de té verde de botella: ya lo llevo puesto.
Con menos hidratos creía que me iba a venir abajo al desmontar, y aguanto la noche de recogida con fuerza en los brazos. El puesto de turrón de al lado ya no me llama igual. Por mi cuenta, dejo la cerveza para el domingo y recorro el recinto entero antes de abrir. A la cabina del camión subo ya sin agarrarme al asidero.




