El frasco pequeño que me despeja la mañana de trabajo
Traduzco manuales desde casa, en Arenas de San Pedro, y mi oficio consiste en no levantarme de la silla. Llevaba ya un frasco de IdealFit cuando mi prima me enseñó la caja de su Turbo: «Tomar adicionalmente con Ideal Fit», con un 2X enorme. Pedí uno porque a las once se me cerraban los ojos encima del teclado.
Cuento las gotas en el vaso mientras se hace el desayuno; saben a menta y entran solas. He quitado el café de media mañana, que con el guaraná y el té verde ya voy servida, y nunca las dejo para después de comer: una tarde lo hice y a las dos de la madrugada seguía repasando glosarios.
Lo que noto es que llego a la hora de comer con la cabeza despierta y sin haber abierto el cajón de las galletas. El resto lo pongo yo: camino media hora por la orilla del río Arenal antes de sentarme a trabajar y ceno pronto y ligero. El vaquero de los sábados ya abrocha sin que yo contenga la respiración.





