El tubo era de mi mujer; ya no se lo he devuelto
Compro y vendo muebles viejos en Llerena, y un arcón de nogal no se sube solo a la furgoneta. El tubo de Icexin lo pidió mi mujer para sus piernas, después de las clases de baile; una tarde de julio, con los hombros cargados de mover un aparador, se lo cogí prestado. Desde entonces viaja conmigo.
Va en la guantera. Cuando termino de descargar en una almoneda me lavo las manos, reparto un poco de gel por los hombros y la zona lumbar, y sigo con el masaje hasta que no queda rastro. El frío del mentol entra de golpe y huele a eucalipto, cosa que en la furgoneta se agradece. Luego me las vuelvo a lavar.
En Extremadura, en verano, lo último que quiero es calor encima; con este gel noto la espalda fresca y con otra soltura para conducir de vuelta. El tubo es pequeño, de bolsillo, y cunde más de lo que parece. Además ya no cargo a pulso: tiro de carretilla y doblo las rodillas.





