Entre azúcar glas y chocolate, mis dos comprimidos
Mi puesto de churros está junto al puerto de Hondarribia y vivo entre azúcar glas y chocolate espeso. A los sesenta decidí que tocaba vigilar el dulce. Mi hermana, que me conoce el vicio, apareció un domingo con un bote negro y blanco: yacón, frutas y cero azúcares por comprimido.
Uno me lo tomo a las cinco y media, en ayunas, antes de encender la freidora; el otro ya en casa, con la cena a medio hacer. Son blancos, pequeños, pasan con un trago de agua. Al principio la tripa me hacía más ruido que el aceite, que el yacón trae su fibra; fue cosa de pocos días.
Lo demás lo he cambiado yo: ya no desayuno los churros que sobran, sino pan con tomate, y por la tarde camino hasta el faro de Higuer. Llego a media mañana sin aquella flojera que me mandaba derecha a la chocolatera. Mi revisión anual la sigo pasando, faltaría más.








