Un blíster en la guantera del coche de prácticas
Enseño a conducir en Ripoll: ocho horas en el asiento del copiloto, y como cuando un alumno me falla. Mi mujer, que sabe que la canela me sienta fatal, estuvo mirando fórmulas hasta dar con unas cápsulas que no la llevaran, y las encargó. Cuando llegó la caja me leyó el reverso en voz alta, miligramo a miligramo.
El blíster empezado va en la guantera del coche de prácticas y el de repuesto se queda en casa, dentro de su caja. Las tomo como dice el envase, con la botella de agua que llevo siempre en la puerta. El cortado con dos azucarillos de media mañana ha pasado a ser un cortado a secas, y las pastas del bar ya no me llaman a gritos.
Llevo las clases de la tarde con mejor cuerpo y en la gasolinera echo gasóleo y nada más, que antes siempre caía una chocolatina. Los domingos subo andando hasta Sant Antoni con mi mujer. El control con mi médica de cabecera lo paso cuando toca: ella mira los números y yo te cuento cómo me encuentro.








