Entre bono y bono, la cápsula de la hora del táper
En la taquilla de la piscina municipal de Peñafiel vendo entradas, sello bonos y guardo algún flotador perdido; a mis sesenta y cuatro sigo haciendo mis largos antes de abrir. Lo que no vigilaba era el bollo de media mañana. Una compañera del turno de tarde tomaba Glucozan Plus y me dejó leer su caja: una al día, con la comida.
Eso me convenció, porque no me veo contando tomas entre cliente y cliente. La cápsula sale del bote cuando abro el táper, a las dos, con la ventanilla ya cerrada. Es transparente, con un polvo marrón dentro, y baja con medio vaso de agua. Encargué tres botes de una vez para completar el mes del que habla la etiqueta.
El bollo lo he cambiado por una mandarina y, cuando los críos del cursillo salen merendando, ya no se me van los ojos detrás de sus bocadillos de chocolate. Sigo con mis largos de las ocho y con la cena temprana, y la analítica me la hago cada año, igual que antes. Una cápsula no nada por ti, pero a mí me ordena el día.








