Hoja de olivo: eso en Baeza lo conocemos bien
Recorro a pie los pinares de la sierra, con el todoterreno aparcado en la pista, así que piernas no me faltan. Me faltaba orden con el azúcar, que en mi familia lo vigilamos todos. Un compañero de la brigada de incendios sacó del chaleco una caja blanca y granate y me dejó leer el frontal.
Hoja de olivo, pensé, de eso entiendo: en Baeza nacemos debajo de uno. Tomo una con el desayuno, otra con el bocadillo en el monte y la tercera al cenar. Como cada caja trae diez, encargo varias de golpe para no quedarme a medias en mitad de la semana.
Me encuentro bien en las cuestas largas y, en la mochila, el paquete de galletas le ha cedido el sitio a un puñado de almendras. Los fines de semana cocino yo, con menos pan en la mesa y fruta de postre. Lo demás me lo miran en el reconocimiento de cada año, como al resto de agentes.




