La botella de agua va en el bolsillo de la bata
Ochenta críos, ochenta bandejas y algún vaso volcado: de una a tres estoy al cargo del comedor de un colegio de Alcalá la Real, y de allí no se mueve nadie, la cuidadora menos. Yo, para no tener ganas, directamente no bebía en toda la mañana. Una compañera de turno me vio la cara un día y sacó del bolso su caja de Femixal.
Son dos cápsulas al día. Yo las separo: la primera con las tostadas y la segunda al volver del colegio, siempre con un vaso de agua entero. Como cada caja trae diez, pedí varias de una vez. Y me compré una botella pequeña que cabe en el bolsillo de la bata, para ir dando sorbos entre mesa y mesa.
Ya no llego a las tres apretando los dientes: paso por el aseo antes de que suene el timbre, voy tranquila y bebo litro y medio sin esfuerzo. En casa he puesto una jarra en la encimera, para seguir por la tarde. Y los sábados subo andando a la Mota, con la botella pequeña en la mochila.




