El vaso grande de agua ya tiene sitio en mi banco
Soy joyera en Llíria y, cuando engasto una piedra, se me pasan tres horas sin levantar la vista de la lupa: ni bebo ni voy al baño. En invierno, con el taller helado, mi vejiga me lo recordaba. Mi hermana, que nada conmigo en la piscina municipal, llevaba Cystiolla en la bolsa de deporte.
Tomo un comprimido al abrir el taller y otro a media tarde, cada uno con su vaso grande de agua: es lo que pone la etiqueta. Son rosa palo y se tragan bien. He dejado el vaso en el banco, junto al soplete, y así bebo sin darme cuenta mientras pulo o sueldo.
Voy al baño cuando toca y con comodidad, y este invierno, con el taller igual de frío, lo he llevado mejor. También he cambiado costumbres: me quito el bañador mojado en cuanto salgo del agua y ya no aguanto las ganas por acabar una pieza. Si alguna vez notara escozor o fiebre, iría al médico sin esperar.








