Un bote negro al lado de la caja registradora
Tabaco, sellos y lotería: eso despacho en mi estanco de la plaza Mayor de Briviesca, diez horas al día. Mi cuñada, que monta puesto en los mercadillos de la comarca, apareció con un bote negro de letras rosas y me contó que con eso y con cenar pronto andaba más ágil. Lo anoté en un boleto en blanco y lo pedí.
La primera cápsula me la tomo en casa, media hora antes del café con leche; la segunda, con un vaso de agua en la trastienda, antes de echar el cierre de mediodía y subir a comer. Por la tarde, ninguna: lleva cafeína y a mí me gusta caer redonda en cuanto apago la tele. De paso he cambiado el segundo café por una manzanilla.
Noto que la mañana se me pasa volando y que ya no meto la mano en la bolsa de almendras garrapiñadas que guardo bajo el mostrador. Lo otro lo hago yo: ceno verdura y algún domingo echo a andar por el camino de Santa Casilda. El anillo de casada, que no salía ni con jabón, ahora gira solo en el dedo.








