Calor de bolsillo para los fosos de ascensor
Me paso el día entre el foso y el cuarto de máquinas de los ascensores de media Segarra: en cuclillas abajo, con los brazos por encima de la cabeza arriba, y siempre con corriente. En casa había un Flexosamine del frío, de mi hija, que corre. Al ir a encargarle otro vi que existía el PRO, el de calor, y ese lo pedí para mí.
Lo llevo en la caja de herramientas. A mediodía me doy una pulsación en cada rodilla y otra en el hombro derecho, y froto un poco. Al principio noto fresco y a los cinco minutos empieza un calor que va a más sin llegar a molestar. Antes de coger el bocadillo me lavo las manos con jabón: lleva guindilla y eso no perdona.
En invierno, con la niebla metida en los portales de Cervera, es cuando más lo agradezco: bajo al foso con las rodillas menos agarrotadas y el hombro me responde mejor al apretar tornillos. Por mi parte he comprado unas rodilleras de espuma y hago diez minutos de estiramientos en el almacén antes de salir de ruta.





